miércoles, 9 de abril de 2014

Capitulo 5 - Yo lo amaba. Él me amaba. ¿Qué pasó? (YEQ)


Se abrió la puerta e hizo que mi hermana y yo saltáramos como si nos hubieran encontrado in fraganti.

—Terminaron chicas ¿nos vamos? —mi mamá comenzó a recoger unas cosas y luego dijo—: Eric, entren y me ayudan con las maletas de Alejandra.

Entró mi papá con André y Chris. Ayudaron a mi mamá con mis maletas. Que si alguien me viera llegar con esta cantidad de equipaje, seguro preguntaría “Oye ¿qué tal el viaje? ¿A qué parte del extranjero fuiste?” Qué pena.

Cuando todos estaban listos con una maleta y comenzaron a salir, me dirigí al sillón en donde estaba mi maletita de mano y en el acto pase cerca de Catherine casi susurrándole por si alguien podía oírnos.

—Necesito hablar contigo Catherine. Por favor.

Ella asintió y en el mismo tono dijo—: Tranquila, yo luego te cuento.

—Gracias…

—Vamos chicas. —la voz de mi mamá me hizo saltar. Pensé que no había nadie más en la habitación—. Nos tenemos que ir ya.

Metí todo a mi bolsita y mi hermana salió conmigo.

Pasé por recepción e hice la cita para mi siguiente revisión.

Adele me atendió y al terminar de hacer me dijo—: Bueno, Alejandra. Fue un gusto haber sido tu enfermera.

—Gracias, Adele. Fuiste muy amable.

—De nada. Espero que todo salga bien. Y espero verte en tu siguiente cita.

—Gracias.

Antes de salir y decir adiós, me detuvo y dijo—: Ale. Los milagros existen. No pierdas las esperanzas de volver a recuperar tu memoria.

Sonreí y dije—: Muchas gracias, Adele.

Salí del hospital.

Esperamos poco tiempo antes de que apareciera Chris conduciendo la más hermosa, encantadora y sexy camioneta… ¿Toyota RAV4?

Me quedé hipnotizada por esa monstruo de camioneta que manejaba. Sabía que era una Rav4 porque su marca lo decía, estaba en ella y… jamás puedo dejar de notar una RAV4 cuando está cerca. Pero, esta estaba… Wow.

—Ale, ¿estás bien? —era Chris acercándose.

—Eh, sí. —volví en sí. Ni siquiera había notado que me había quedado viendo como tonta hacia la camioneta—. Es que… siempre me han encantado ese tipo de camionetas y estoy admirándola.

Chris frunció el ceño y me vio como si estuviera hablando debilidades. Luego su frente se suavizó y vi en su mirada que comprendía algo.

—Ah. Entiendo. La amnesia—dijo él, casi para sí mismo. —Ale… Esta camioneta es tuya. Es una RAV4 2013. Tú la compraste. La tienes desde hace un buen tiempo, hasta la querías cambiar.

¿Compré esa camioneta? ¿Yo? ¿Con qué dinero?

— ¿Y dónde está mi Mazda?

—Sube a la camioneta y te contaré cuando vayamos de camino a tu casa.

—Está… bien.

—Christopher —lo llamó mi mamá—. Catherine y André se irán con nosotros, ¿O necesitas que te ayudemos en algo?

—No, Clarissa. Gracias

—Perfecto. Nos vemos en la casa. —todos subieron a la camioneta de mi papá.

Chris me ayudó a subir a la camioneta y cerró la puerta. Rodeó la camioneta y subió. Prendió el coche y salimos del parqueo.

Permanecimos veinte minutos sin decir nada. Hasta que me animé a romper el silencio.

— Bueno y… ¿no sabes dónde está mi Mazda?

Chris no dijo nada por un momento y luego negó con la cabeza y dijo—: La verdad, no recuerdo que me dijiste acerca de ese Mazda que habías tenido. Pero sé que fue hace un buen tiempo que te deshiciste de él.

—Ah, ok. —luego pensé y pregunté—: Tu sabes si esta camioneta fue comprada… quiero decir…si yo…

—¿Si la compraste con tu dinero o el de tu papá? —miro en mi dirección y con una media sonrisa levantó las cejas por un momento largo. Luego regresó la mirada a la calle y sin borrar esa media sonrisa dijo—: Lo hiciste con tu dinero, Alejandra. La compraste tu sola.

—¿Porqué sonríes? ¿Qué te parece gracioso?

Sonrió en mi dirección y esta vez me mostró unos dientes impecables. Una sonrisa para temblar como gelatina. Definitivamente este hombre era guapo. Regresó su atención a la calle.

—Sonrío, porque a pesar de que has perdido la memoria, sigues siendo la misma mujer que conocí. Empeñada en que no debe ser ayudada por nadie. Que puedes hacerlo todo por sí sola.

Miré por la ventana y pensé: “Entonces, ¿aún queda algo de Alejandra Cameron aquí dentro?”

***
Llegamos a la mansión-monstruo-casa de mis papás.

No estaba tan diferente. Los mismos jardines. Tal vez eran algunos colores de algunas paredes las que cambiaban. Pero de ahí todo era igual.

Bajé de la camioneta con ayuda de Chris. Luego se fue hacia el baúl de la camioneta a bajar mis maletas.

—Ven, Alejandra. Entremos. —dijo mi mamá.

Empecé a caminar con miedo, porque por algún motivo mi ser decía que caminaba hacía una pesadilla.

Entramos a la casa y seguía siendo la misma. Caminé por el vestíbulo. Luego seguí hasta la sala y ahí estaban las adoradas pinturas de mi abuela, aunque ella no viviera aquí, siempre nos traía una. También estaban los retratos de paisajes de los viajes de mi papá. Pude ver nuestras fotos. Algunas familiares, otras individuales. Mías, de mi hermana, mi hermano, mi papá, mi mamá y de algunos parientes cercanos.

Caminé de regreso al vestíbulo y ahí estaba mi mamá y mi hermana hablando.

—¿Puedo subir a mi habitación?

—Claro, Alejandra. Todo está listo en tu habitación. —contestó mi mamá.

Con una media sonrisa subí a mi habitación.

Cuando casi llegaba a la puerta, pensé ¿Qué encontraría de diferente en ella? Digo, son dos años que “no he estado aquí”.

Llegué y entré.

Todo parecía normal. Todo parecía bien y en su lugar. Todo parecía… yo.

Mi habitación era lo más parecido a mi vida anterior. Antes de mudarme a mi apartamento, claro. Porque era de reconocer que la última vez que había estado acá solo estaba la cama, el closet y alguna que otra cosa.

Me sentía bien saber que quiérase o no, mi vida anterior no era un sueño. De verdad había existido… y la quería de vuelta.

***
Llevaba en mi habitación aproximadamente dos horas.

Dos horas revisando papeles, fotos, notas. Algo que me dijera qué había hecho en estos años que no recordaba. Algo que me hablara aunque sea de los últimos cuatro meses, no me importaba.

Algo que me dijera qué había sucedido con todo: ¿MI micro empresa? ¿Daian? ¿Mis ahorros? ¿Mis clientes? Que había pasado con…. ¿Mike?

Pero no encontré nada.

Escuché un golpe en la puerta.

—¿Quién?

—Soy André, niña rara. —típico de él.

—Pasa.

Abrió la puerta y se asomó.

—Hola, Alejandrina. Oye, la cena está lista. ¿Vas a bajar?

¿La cena? Miré el reloj de mi escritorio y sip. Era hora de las cena.

—¿De verdad son las ocho?

—Según todos los relojes de la casa, si.

Rayos.

—¿Sabes? En realidad no tengo mucha hambre. —mentí. Moría de hambre.

—¿Quieres que diga que te suban algo?

—¿Crees que mamá no se enoje?

—Lo más probable es que suba y quiera hacer que bajes, pero tomando en cuenta tu estado de salud, dudo que tal vez lo haga.

Sonreí y le dije—: Gracias.

Me guiñó un ojo y cerró la puerta.

Al cabo de quince minutos tocaron de nuevo mi puerta.

—Adelante.

Se abrió y entró una chica con una bandeja.

—Con permiso, señorita Alejandra.

Se sentía extraño que alguien de tu casi misma edad te tratara de esa manera. ¿Cuántos años tenía? Y lo más importante: ¿Quién era?

Colocó la bandeja en mi escritorio y ya se iba cuando la detuve.

—Oye —se le veía algo tensa. Se dio la vuelta.

—¿Necesita algo más, señorita Alejandra?

—Disculpa por esta pregunta pero, ¿te conozco?

Ella abrió los ojos como platos y se le veía tan sorprendida que casi me reí.

—No te asustes.—la calmé—. Disculpa es que… es una larga historia. Me imagino que sabes que estuve en el hospital —esperé su respuesta y solo asintió, proseguí—: Bueno, ese golpe que recibí en la cabeza, me dejó un poco mal. En pocas palabras, no recuerdo algunas cosas. He ahí el porqué de mi pregunta extraña.

Observé cómo se relajaba solo un poco. Titubeó, pero dijo—: Si… Em… Si me conoce.

—Ah ok. Y… ¿Cómo te llamas? Y disculpa pero, ¿Cuántos años tienes?

—Me llamo Cristi y… tengo veintiuno.

—Ok. Bueno, ahora que sé cómo te llamas puedo decir: Gracias por subirme la comida, Cristi.

Después de que dijera eso, podría jurar que ella estaba en un tipo de shock. Simplemente asintió y salió.

Después de que la puerta se cerrara, me acerqué a mi escritorio y eché un vistazo a lo qué me habían traído para comer.

No estaba mal.

Tenía en mi plato: dos sándwiches con pasta de pollo, un té frío y un cuenco de fresas frescas con azúcar.

Sándwiches con pasta de pollo, mis favoritos.

Esto me encantaba.

Mucha amnesia podrás tener, pero creo que hay cosas que no podrán cambiarse.

Definitivamente.

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