miércoles, 9 de abril de 2014

Capítulo 4 - Yo lo amaba. Él me amaba. ¿Qué pasó? (YEQ)

¿Dónde está Mike? Era en lo único que podía pensar.

Después de hablar casi dos horas con Chris, se fue.

Tenía una importante reunión de trabajo y, siendo uno de los más jóvenes en la empresa, los ojos estaban puestos en él.

Aunque, en lo personal, no sé a qué le tenía miedo.

 Trabajaba para mi papá. ¡Para mi papá, por Dios!

¿De dónde salió Chris?

Lo más importante: ¿Qué hacía  yo saliendo con un empleado de mi papá? Digo, odio su empresa y todo lo que tenga que ver con ella. ¿Cómo rayos llegué a salir con alguien de ahí, si ni siquiera me acercaba por esos rumbos?

Además ¿Dónde rayos estaba Mike? ¿Qué le pasó?

Los pensamientos me daban vueltas y ni siquiera los terminaba de procesar. Las preguntas llegaban por avalanchas y no me molestaba en detenerme a contestarlas.

Pero tenía que hacerlo. Tenía que contestarlas.

***

Por fin iba a casa.

Hoy cumplía una semana de estar despierta en este hospital. Pero cumplía once, ONCE malditos días, de estar metida aquí. Todo por culpa de mi mamá, ella no quería que regresara a casa hasta que todo estuviera bien. Y con todo, me refiero a TODO. Ella estaba segura que esa diminuta espinilla que me había salido en la frente, era a causa de mi accidente con la pelota. ¡Por Dios, solo me golpeé la cabeza con una pelota! El doctor Williams trató de convencerla que solo era una espinilla y que podían darme de alta, pero fue en vano y como el dinero no era problema para mi papá ¿cierto? Dejaron que me quedara. Agh.

Y ahí estuve yo. En la cama de un hospital. Volviéndome loca.

Pero hoy, por fin, me daban de alta.

Según el doctor, había progresado muy bien en mi recuperación. Pero si al decir recuperación, se refería a que aún tengo amnesia y que hago notas mentales, las cuales consisten en: conseguir un bate y golpearme la cabeza, o estar a punto de saltar por una ventana, para ver si la caída servía de algo y recuperaba la memoria, entonces sí, estaba progresando. Ja.

En esos larguísimos once días recibí diferentes visitas de personas que no conocía, o más bien, que no recordaba haber conocido y a las cuales yo solo podía sonreír. También tenía que escuchar a mi mamá explicándoles sobre mi amnesia y como no debían sentirse mal si no los había reconocido.

Triste.

Pero me preguntaba ¿dónde estaba toda la gente que sí conocía? ¿Mike? ¿Daian?

La visita que nunca faltaba era la de Chris. Venía todos los días, y cada vez procuraba quedarse un poco más de tiempo.

Nuestra interacción era un tanto extraña, digo, éramos novio y novia, pero parecíamos personas que acababan de conocerse. Tuve que preguntar por su nombre completo, el cuál era: Christopher Alexander Brooks. Pregunté su edad: veintiséis años. Sobre su familia y/o hermanos: lamentablemente sus padres habían muerto un tiempo atrás por culpa de un conductor borracho, podía ver en su rostro que los extrañaba mucho; luego tenía a su hermano mayor, quién vivía en otro lugar, en Australia para ser más específicos, desde hace mucho tiempo. Pregunté por todo: dirección de su casa, de qué trabajaba, su puesto en la empresa, ¿estudió en la universidad? ¿En cuál?, su color favorito, su postre favorito. 
Si. Parecíamos una pareja que se amaba.

Pero lo más importante: ¡Hoy me iba a casa!

Mi  hermana me había ayudado con las maletas. Solo faltaba cambiarme de ropa.

En la habitación solo estábamos nosotras dos y tres arreglos florales. Uno era de mi supuesta, ahora “mejor” amiga, Liann ¿Quién diablos era Liann? ¿Y dónde estaba Daian? Además, si Liann era mi “mejor amiga”, ¿por qué nunca la vi aquí en el hospital? Bueno, el otro arreglo era de Chris con una tarjeta con palabras muy hermosas. Y por último, el que más me gustaba. Era hermoso. Y traía solo una tarjeta que decía:

“Espero esté mejor, señorita Cameron”

Nada más. No decía de quién era, no estaba firmada.

Pero se sentía bien que las personas te mandaran un pedazo de algo. A lo mejor me lo mandaba alguien de la oficina, ya que decía “señorita Cameron”.  Era lo más probable.

Tocaron y entró Adele, seguida por el doctor Williams y mi mamá.

—Hola, Ale ¿Qué tal tu día? —preguntó el doctor.

—¿Me puedo ir ya? —pregunté, sin molestarme en contestar su pregunta y con palpable ansiedad en mi voz.

El doctor se rió un poco y dijo—: Si, ya te puedes ir a casa. Solo déjame darte unas indicaciones.

Asentí.

El doctor prosiguió—: Nada de movimientos bruscos, te podrás marear un poco pero es normal por ahora. Trata de no salir sola de tu casa, por cualquier cosa. No te estreses, ni te enojes —se giró y dijo—: eso también va para todos los familiares —volvió su atención a mí—. Y necesito que regreses a chequeos médicos de vez en cuando ¿está bien? En la recepción puedes hacer la primera cita. Si quieres Adele puede ayudarte. ¿Cierto, Adele? —le dijo a la enfermera.

—Con mucho gusto. —contestó ella.

—Ok —habló él—. Esto es todo. Fue un gusto haber tratado contigo, Alejandra Cameron. Fuiste una muy buena paciente.

—Gracias a usted doctor.

Con un asentimiento de cabeza, salió de la habitación.

—Bueno,  Alejandra— dijo mi mamá—. Esperaremos afuera. Que te ayude Catherine con tu vestimenta.
Y salieron todos.

***

Diez minutos después, estaba cambiada y lista para irme de este hospital, estas cuatro paredes que me tenían mareada de verlas día tras día.

Mi hermana estaba enviando un mensaje en su celular, mientras yo cerraba mi maleta.

—Oye, Cath. —dije.

—¿Qué pasa?—me contestó

—¿Recuerdas como conocí a Chris?

Dejo de escribir y levantó la mirada con una sonrisa en la cara.

—¡Claro!

—¿Me ayudas a recordarlo?... O bueno ¿A hacerme una idea?

Sabía que tenía que preguntar por Mike, pero la curiosidad me estaba aniquilando.

—Sí,  pero…—frunció el ceño—. Él te ha estado visitando, o sea, ha estado viniendo al hospital y todo y… ¿No te ha contado cómo se conocieron? Es decir, ¿nunca le preguntaste?

—Sí, se me ocurrió preguntarle y lo iba a hacer, pero luego me di cuenta que sería algo extraño y un poco vergonzoso porque, dime, quién olvida a su novio. Es más, quién olvida a su prometido y el día en que se conocieron.

—Bueno, en cierto modo, tienes un punto.

Asentí y dije—: ¿Lo ves? Por eso nunca lo hice —y como ella no dijo nada, volví a preguntar—: Entonces ¿me ayudas?

—¡Si, está bien!

Apartó mi maleta y se sentó en la cama.

—Déjame pensarlo… —golpeó con su dedo en su barbilla y miraba hacia arriba, como tratando de recordarlo bien. —Lo tengo —dijo—. Fue en una fiesta de la empresa de mi papá. Celebraban tu asenso a Gerente General de tu Departamento.

Sacudí la cabeza. Ahí había dos cosas que no coincidían.

—Cath… —dije. Tratando de sonar calmada—. ¿De qué hablas? ¿Ahora estás diciendo que trabajo en “esa” empresa?

Cath solo me miro y luego dijo—: Si Ale, lo haces… —se quedó callada y luego preguntó —: ¿Tampoco recuerdas eso?

¡Oh. Dios. Mío! ¿Trabajaba para mi papá? Esto TENÍA que ser una broma.

El teléfono de mi hermana sonó y contestó el mensaje que le había llegado.

Lo dejé pasar, lo averiguaría luego. En su lugar pregunté algo que si quería saber y que me estaba matando el no saberlo.

—Cath, ¿Tu sabes dónde está Mike?

Dejó de mover sus dedos en el teclado y me miró con una mirada extraña.

— ¿Mike?

—Sí. Mike. Mi nov… —carraspeé—. ¿Mi ex novio?

Dios, decirlo era tan extraño. Mi hermana regresó a su celular, pero no escribió nada.

—Pues… En este momento está de viaje, que yo sepa.

¿De viaje?

—¿A si?—dije, esperé y pregunté—: ¿Dónde?

—En Inglaterra, creo.

¿Inglaterra? Cielos, ¿qué hacía allá?

No lo soportaba más —Cath. Quiero que me ayudes. Quiero saber que pasó conmigo. No entiendo que está pasando. Yo… yo recuerdo un accidente, una caída por las escaleras de la casa de mis papás…. ¿eso fue un sueño?

¿Había sido un sueño?

—No, ese accidente no fue un sueño. Si caíste por las escaleras de la casa, pero fue hace algún tiempo. Y… Luego sucedió….

¿Sucedió? ¿Sucedió, qué?

— ¿De qué hablas Cath? ¿Qué sucedió?

Mi hermana se veía nerviosa, pero ¿porqué? En su mirada había algo ¿qué era? Era ansiedad, era…. ¿Miedo?

—¿Qué sucedió, Cath? —pregunté de nuevo con algunas pausas.


Bajó la mirada y se encogió un poco. Ella no contestaba y no entendía por qué. Luego me miro y dijo—: Cambiaste.

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