Blanca…
Luz blanca…
Y, esos olores. Estaba… ¿en un hospital? Si. Un hospital.
Ahora sé cómo se sienten todas esas personas que despiertan
mareadas en una sala de hospital, con esa luz directamente en la cara.
Es tremendamente fuerte y desagradable.
Traté de moverme, giré la cabeza un poco a la derecha y ni
siquiera lo logré por completo, cuando un dolor insoportable me atacó de
inmediato. Quise tocarme la cabeza para ver si podía apaciguarlo apretando el
lugar donde exactamente me dolía, levanté mi mano y toqué un pedazo de gasa que
tenía en el lado derecho de mi cabeza. Rayos.
Creo que permanecí ahí por quince minutos, sin abrir los
ojos por la maldita luz. Luego escuché sonidos. Pasos. Se acercaban a donde yo
me encontraba. Se abrió la puerta y con todas mis fuerzas intenté abrir los
ojos hasta que lo logré.
Era una enfermera de unos veintisiete o veintiocho años, muy
bonita. Entró, a lo que yo pensaba era mi habitación privada, la cual, imaginaba
que se debía gracias a mi papá. Agh. La enfermera caminó hasta lo que parecía
un buró y sacó unos papeles y unas gotas. Colocó de nuevo los papeles
dentro, cerró el buró y con las gotas en la mano, caminó hacia
donde yo estaba y fue cuando se percató que me encontraba despierta.
—Señorita Cameron… —no dijo nada por un momento—. Despertó
¿Le duele algo? ¿Se encuentra bien? ¿Necesita alguna cosa?
Dios, que alguien quite
esa luz de arriba era lo único que pensaba y quería en ese momento. Aún así
sabía que no era posible, entonces con las fuerzas que me quedaban logré abrir
mi boca.
—Cabeza… Me duele… —logré pronunciar.
— ¿Le duele la cabeza?—preguntó. — Bueno chica, no fue cualquier
golpe el que te diste. Aunque no fue grave, fue suficiente para traerte al
hospital. —me pareció extraña la forma drástica en que ella pasó del “usted” a
tutearme. Pero me sentía más cómoda con el “tu”. El “usted” siempre me ha
parecido muy formal.
Fue hasta el buró y
sacó unas pastillas, regresó, luego llenó un vaso con agua que estaba a la par
de mi cama. Me ayudó a sentarme con esa destreza que las enfermeras amables,
las que tienen vocación, manejan para ayudar a un paciente convaleciente. Me
entregó dos pastillitas y el vaso con agua. Los tomé y me llevé las pastillas a
la boca y luego el vaso, se me hizo difícil ese tipo de movimiento.
—Bueno, ahora ese dolor se te calmará. Iré a llamar al
doctor Williams para que pueda chequear qué tal estás, es la tercera vez que
despiertas, pero es la primera que hablas.
¿La tercera vez? ¿Eso es posible? No recuerdo ni una vez
haberme despertado, y créeme, lo recordaría con tremenda luz en la cara.
—Tu familia está en el pasillo, esperando alguna respuesta
de parte tuya, los tenías preocupados.
Ha. Bufé para mis adentros. ¿Mi familia preocupada? No los
conocía, eran actores de verdad.
—Ese guapo novio tuyo ha estado acá. En las noches se va y
se mantiene acá por las tardes y…
¡Mike! Claro que sí, él tenía que estar acá. Por supuesto,
él siempre está cerca. Sabe que cuando mi familia está alrededor lo necesito.
Cerca. Muy cerca.
—… y que tu estés bien—estaba diciendo la enfermera. —Por
cierto, me llamo Adele.
Bonito nombre. Estaba muy acorde con la carita de ángel que
tenía.
— ¿Cuánto tiempo… llevo aquí? ¿Qué hora es? —Pregunté, casi
en susurro.
—Llevas aquí cuatro días, Ale. —luego Adele confirmó en el
reloj que llevaba en su muñeca. —Y son las cuatro de la tarde —levantó la
cabeza y dijo —: Bueno, llamaré al doctor Williams, ya regreso.
Salió de la habitación.
Me dejó sola con mis pensamientos y preguntas. ¿Qué me
sucedió? Y luego recordé algo de las gradas de la casa de mi papá. Me caí ¡Eso
era! Me había caído de las gradas y no sabía cómo detenerme. La enfermera había
dicho que el golpe no había sido grave pero a juzgar por el sonido que había escuchado
al estrellar mi cabeza en el pavimento y azulejos… Hice una mueca y me
estremecí. Que horrible escuchar tus huesos. TUS propios huesos haciendo esos
sonidos.
La puerta se abrió y entró Adele, seguida por un doctor,
otra enfermera con más edad que Adele y mi mamá.
Mi mamá.
Ella se encontraba aquí y no se le veía bien. Tenía sombras
oscuras bajo los ojos y se veía… mayor. Mucho mayor. No parecía mi madre,
parecía una señora que ha padecido insomnio por muchos años.
—Hola —dijo el doctor—. ¿Cómo estás, Ale? Soy el doctor
Williams. —señaló a la otra enfermera. —Ella es Lisa, jefa de enfermeras y creo
que ya conociste a Adele —regresó a mirarme — ¿Cómo te sientes?
—Me… me duele la cabeza. —No entendía exactamente porque no
podía hablar muy bien, ¿Algún sedante?
—No te preocupes —sonrió el doctor—. Eso es normal, te
golpeaste la cabeza, no tan fuerte, pero suficiente para que te duela.
—Le di unas pastillas para el dolor, doctor. —dijo Adele,
que estaba trayéndole unas notas al doctor.
—¿Hace cuánto?— preguntó él, dándole una hojeada a los papeles
que Adele le había pasado.
—Hace aproximadamente cinco minutos.
—Bien. —Levantó la cabeza de los papeles—. Muy bien —me
sonrió y preguntó—: Además del dolor de cabeza ¿Tienes algún otro dolor u otro
malestar?
Negué con la cabeza, el cual, no fue un movimiento muy
inteligente, aunque esta vez no me dolió mucho. Las pastillitas estaban
haciendo su trabajo—. Aunque me molestaba un poco la luz al abrir los ojos. —eso
sí pude decirlo sin ningún problema.
—Tampoco es nada de qué preocuparse, has estado el suficiente
tiempo dormida como para que la luz le moleste a tus ojos —se inclinó y revisó
mis ojos, con esa lámpara pequeña y que
los doctores llevan siempre, y dijo—: Todo bien. Ahora, Ale, te haré unas
preguntas, tu contéstalas, es solo un procedimiento médico que siempre debemos
hacer, ¿de acuerdo?
Asentí lentamente.
—Ok, déjame buscar algo… —buscó entre las hojas de, según
yo, mi expediente—. ¡Acá está!—me sonrió y regresó a las preguntas—: Bien. Me
podrías decir ¿Cuál es tu nombre?
—Alejandra Larissa Cameron.
—Ok. —Escribió algo en la tablilla y luego preguntó—: ¿Cuál
es tu fecha de nacimiento?
—Nací el nueve de mayo de mil novecientos noventa y dos.
—Perfecto. —otros garabatos más y luego—: ¿Me dices el
primer nombre de los familiares que viven en tu casa?
Me imaginaba que se refería a la casa de mi papá. No a MI
casa. Por eso contesté—: Si… eh… Mi papá es Eric, mi mamá es Clarissa, mi
hermana se llama Catherine y mi hermano André.
Me quedé callada, mientras él hojeaba de nuevo sus notas y
de repente preguntó—: Ale, ¿sabes por qué estás aquí? ¿En el hospital?
Pensé por un momento, pero sabía mi respuesta a lo que
contesté—: Si, creo que sí.
— ¿Me lo podrías decir? —preguntó sin levantar la vista de
sus papeles.
Me pareció extraña la petición, pero los doctores han
estudiado esa cantidad de años en una universidad por algo ¿no? Ellos deben
saber lo que hacen. Así que le conteste sin preguntar nada—: Pues… se supone
que vine a parar al hospital por una caída. Una caída que, hasta el momento, no
podría explicarle cómo sucedió…
El doctor levantó la cabeza, con una mirada de extrañes —¿Una
caída?
—Sí, una caída… en las gradas de la casa de mis papás. En un
momento estaba parada ahí, en la cima de las gradas, y al siguiente estaba
rodando por ellas, no sabría como ex… pli…. —mi voz se fue apagando poco a poco
y observé las miradas que todos me daban y no quise seguir hablando. ¿Estaba
hablando bien? No estaba hablando incoherencias ¿cierto? Mi lengua se sentía
bien, pero sin que nadie se percatara me la mordí para ver si sentía y... ¡Ay!
Lo hacía.
Así que no entendía por qué me miraban de esa manera. Solo
esperé que alguien dijera algo.
El doctor chequeó una vez más las hojas, luego buscó a Adele
con la mirada, le preguntó—: ¿Alejandra Cameron: Golpe en la cabeza por una
pelota de béisbol?
—¿Qué?—Pregunté por lo bajo.
Adele se acerco y le dijo—: Si, yo misma ordené todo y es la
misma Alejandra Cameron.
¿Golpe? ¿Pelota de béisbol? ¿Qué diablos?
El doctor se volvió y se dirigió a mi mamá—: ¿Estos datos
están bien? ¿Ella está aquí por un golpe con una pelota?
Mi mamá me miraba desconcertada y con los ojos abierto muy
abiertos, buscó al doctor con la mirada—: Si…si… Por un golpe… en la cabeza…
por una pelota. Exacto.
¿Qué? ¡NO!
El doctor, se acercó a mi mamá y habló con ella unos
momentos, luego regresó.
Me sonrió con una sonrisa que me hacía sentir como una niña
de cinco años.
—Ale… —fue extraño como lo dijo— ¿Me podrías decir que fecha
es hoy?
¿La fecha? Extraño. Hice cuentas. Adele me dijo que llevaba
aquí cuatro días, y acababa de ser mi cumpleaños, entonces dije —: Emmm, Hoy tiene que ser trece
de mayo.
Alguien hizo un sonido de sorpresa estrangulado y comprendí
que el sonido venía de mi madre. La observé, tenía los ojos abiertos como
platos y se había puesto más pálida que como entró. En cambio la enfermera Lisa
no estaba sorprendida, Adele me miraba con ojos tristes pero con simpatía y el
doctor ni se inmutó solo se limitó a asentir, y mantenerse con la misma sonrisa
con la que me había saludado.
—Ok, Ale… —dijo, pero esta vez no me gustó nada como sonaba
mi nombre— Mira, esto no será fácil para ti procesarlo, pero… —se detuvo, ¿porqué se detiene? ¡Hable! — Hoy es veintinueve de
abril— ¿Qué? Eso no es cierto. Hace poco fue mi cumpleaños y solo tengo cuatro
días de estar aquí. Tiene que estar mal su calendario. Tal vez no tachó los
días restantes, tal vez… —Y no estamos en el dos mil trece.
Mis pensamientos se detuvieron… ¿Qué acaba de decir?
El doctor me observó. Tenía que ser obvia mi confusión en la
cara porque se explicó.
—Hoy es veintinueve de
abril del dos mil quince.
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