domingo, 6 de abril de 2014

Capitulo 1 - Yo lo amaba. Él me amaba. ¿Qué pasó?

Blanca…

Luz blanca…

Y, esos olores. Estaba… ¿en un hospital? Si. Un hospital.

Ahora sé cómo se sienten todas esas personas que despiertan mareadas en una sala de hospital, con esa luz directamente en la cara.

Es tremendamente fuerte y desagradable.

Traté de moverme, giré la cabeza un poco a la derecha y ni siquiera lo logré por completo, cuando un dolor insoportable me atacó de inmediato. Quise tocarme la cabeza para ver si podía apaciguarlo apretando el lugar donde exactamente me dolía, levanté mi mano y toqué un pedazo de gasa que tenía en el lado derecho de mi cabeza. Rayos. 

Creo que permanecí ahí por quince minutos, sin abrir los ojos por la maldita luz. Luego escuché sonidos. Pasos. Se acercaban a donde yo me encontraba. Se abrió la puerta y con todas mis fuerzas intenté abrir los ojos hasta que lo logré.

Era una enfermera de unos veintisiete o veintiocho años, muy bonita. Entró, a lo que yo pensaba era mi habitación privada, la cual, imaginaba que se debía gracias a mi papá. Agh. La enfermera caminó hasta lo que parecía un buró y sacó unos papeles y unas gotas. Colocó de nuevo los papeles dentro,  cerró el buró  y con las gotas en la mano, caminó hacia donde yo estaba y fue cuando se percató que me encontraba despierta.

—Señorita Cameron… —no dijo nada por un momento—. Despertó ¿Le duele algo? ¿Se encuentra bien? ¿Necesita alguna cosa?

Dios, que alguien quite esa luz de arriba era lo único que pensaba y quería en ese momento. Aún así sabía que no era posible, entonces con las fuerzas que me quedaban logré abrir mi boca.

—Cabeza… Me duele… —logré pronunciar.

— ¿Le duele la cabeza?—preguntó. — Bueno chica, no fue cualquier golpe el que te diste. Aunque no fue grave, fue suficiente para traerte al hospital. —me pareció extraña la forma drástica en que ella pasó del “usted” a tutearme. Pero me sentía más cómoda con el “tu”. El “usted” siempre me ha parecido muy formal.
 Fue hasta el buró y sacó unas pastillas, regresó, luego llenó un vaso con agua que estaba a la par de mi cama. Me ayudó a sentarme con esa destreza que las enfermeras amables, las que tienen vocación, manejan para ayudar a un paciente convaleciente. Me entregó dos pastillitas y el vaso con agua. Los tomé y me llevé las pastillas a la boca y luego el vaso, se me hizo difícil ese tipo de movimiento.

—Bueno, ahora ese dolor se te calmará. Iré a llamar al doctor Williams para que pueda chequear qué tal estás, es la tercera vez que despiertas, pero es la primera que hablas.

¿La tercera vez? ¿Eso es posible? No recuerdo ni una vez haberme despertado, y créeme, lo recordaría con tremenda luz en la cara.

—Tu familia está en el pasillo, esperando alguna respuesta de parte tuya, los tenías preocupados.

Ha. Bufé para mis adentros. ¿Mi familia preocupada? No los conocía, eran actores de verdad.

—Ese guapo novio tuyo ha estado acá. En las noches se va y se mantiene acá por las tardes y…

¡Mike! Claro que sí, él tenía que estar acá. Por supuesto, él siempre está cerca. Sabe que cuando mi familia está alrededor lo necesito. Cerca. Muy cerca.

—… y que tu estés bien—estaba diciendo la enfermera. —Por cierto, me llamo Adele.

Bonito nombre. Estaba muy acorde con la carita de ángel que tenía.

— ¿Cuánto tiempo… llevo aquí? ¿Qué hora es? —Pregunté, casi en susurro.

—Llevas aquí cuatro días, Ale. —luego Adele confirmó en el reloj que llevaba en su muñeca. —Y son las cuatro de la tarde —levantó la cabeza y dijo —: Bueno, llamaré al doctor Williams, ya regreso.
Salió de la habitación.

Me dejó sola con mis pensamientos y preguntas. ¿Qué me sucedió? Y luego recordé algo de las gradas de la casa de mi papá. Me caí ¡Eso era! Me había caído de las gradas y no sabía cómo detenerme. La enfermera había dicho que el golpe no había sido grave pero a juzgar por el sonido que había escuchado al estrellar mi cabeza en el pavimento y azulejos… Hice una mueca y me estremecí. Que horrible escuchar tus huesos. TUS propios huesos haciendo esos sonidos.

La puerta se abrió y entró Adele, seguida por un doctor, otra enfermera con más edad que Adele y mi mamá.

Mi mamá.

Ella se encontraba aquí y no se le veía bien. Tenía sombras oscuras bajo los ojos y se veía… mayor. Mucho mayor. No parecía mi madre, parecía una señora que ha padecido insomnio por muchos años.

—Hola —dijo el doctor—. ¿Cómo estás, Ale? Soy el doctor Williams. —señaló a la otra enfermera. —Ella es Lisa, jefa de enfermeras y creo que ya conociste a Adele —regresó a mirarme — ¿Cómo te sientes?

—Me… me duele la cabeza. —No entendía exactamente porque no podía hablar muy bien, ¿Algún sedante?

—No te preocupes —sonrió el doctor—. Eso es normal, te golpeaste la cabeza, no tan fuerte, pero suficiente para que te duela.

—Le di unas pastillas para el dolor, doctor. —dijo Adele, que estaba trayéndole unas notas al doctor.

—¿Hace cuánto?— preguntó él, dándole una hojeada a los papeles que Adele le había pasado.

—Hace aproximadamente cinco minutos.

—Bien. —Levantó la cabeza de los papeles—. Muy bien —me sonrió y preguntó—: Además del dolor de cabeza ¿Tienes algún otro dolor u otro malestar?

Negué con la cabeza, el cual, no fue un movimiento muy inteligente, aunque esta vez no me dolió mucho. Las pastillitas estaban haciendo su trabajo—. Aunque me molestaba un poco la luz al abrir los ojos. —eso sí pude decirlo sin ningún problema.

—Tampoco es nada de qué preocuparse, has estado el suficiente tiempo dormida como para que la luz le moleste a tus ojos —se inclinó y revisó mis ojos, con esa lámpara pequeña y  que los doctores llevan siempre, y dijo—: Todo bien. Ahora, Ale, te haré unas preguntas, tu contéstalas, es solo un procedimiento médico que siempre debemos hacer, ¿de acuerdo?

Asentí lentamente.

—Ok, déjame buscar algo… —buscó entre las hojas de, según yo, mi expediente—. ¡Acá está!—me sonrió y regresó a las preguntas—: Bien. Me podrías decir ¿Cuál es tu nombre?

—Alejandra Larissa Cameron.

—Ok. —Escribió algo en la tablilla y luego preguntó—: ¿Cuál es tu fecha de nacimiento?

—Nací el nueve de mayo de mil novecientos noventa y dos.

—Perfecto. —otros garabatos más y luego—: ¿Me dices el primer nombre de los familiares que viven en tu casa?

Me imaginaba que se refería a la casa de mi papá. No a MI casa. Por eso contesté—: Si… eh… Mi papá es Eric, mi mamá es Clarissa, mi hermana se llama Catherine y mi hermano André.

Me quedé callada, mientras él hojeaba de nuevo sus notas y de repente preguntó—: Ale, ¿sabes por qué estás aquí? ¿En el hospital? 

Pensé por un momento, pero sabía mi respuesta a lo que contesté—: Si, creo que sí.

— ¿Me lo podrías decir? —preguntó sin levantar la vista de sus papeles.

Me pareció extraña la petición, pero los doctores han estudiado esa cantidad de años en una universidad por algo ¿no? Ellos deben saber lo que hacen. Así que le conteste sin preguntar nada—: Pues… se supone que vine a parar al hospital por una caída. Una caída que, hasta el momento, no podría explicarle cómo sucedió…

El doctor levantó la cabeza, con una mirada de extrañes —¿Una caída?

—Sí, una caída… en las gradas de la casa de mis papás. En un momento estaba parada ahí, en la cima de las gradas, y al siguiente estaba rodando por ellas, no sabría como ex… pli…. —mi voz se fue apagando poco a poco y observé las miradas que todos me daban y no quise seguir hablando. ¿Estaba hablando bien? No estaba hablando incoherencias ¿cierto? Mi lengua se sentía bien, pero sin que nadie se percatara me la mordí para ver si sentía y... ¡Ay! Lo hacía.

Así que no entendía por qué me miraban de esa manera. Solo esperé que alguien dijera algo.

El doctor chequeó una vez más las hojas, luego buscó a Adele con la mirada, le preguntó—: ¿Alejandra Cameron: Golpe en la cabeza por una pelota de béisbol?

—¿Qué?—Pregunté por lo bajo.

Adele se acerco y le dijo—: Si, yo misma ordené todo y es la misma Alejandra Cameron.
¿Golpe? ¿Pelota de béisbol? ¿Qué diablos?

El doctor se volvió y se dirigió a mi mamá—: ¿Estos datos están bien? ¿Ella está aquí por un golpe con una pelota?

Mi mamá me miraba desconcertada y con los ojos abierto muy abiertos, buscó al doctor con la mirada—: Si…si… Por un golpe… en la cabeza… por una pelota. Exacto.

¿Qué? ¡NO!

El doctor, se acercó a mi mamá y habló con ella unos momentos, luego regresó.

Me sonrió con una sonrisa que me hacía sentir como una niña de cinco años.

—Ale… —fue extraño como lo dijo— ¿Me podrías decir que fecha es hoy?

¿La fecha? Extraño. Hice cuentas. Adele me dijo que llevaba aquí cuatro días, y acababa de ser mi cumpleaños,  entonces dije —: Emmm, Hoy tiene que ser trece de mayo.

Alguien hizo un sonido de sorpresa estrangulado y comprendí que el sonido venía de mi madre. La observé, tenía los ojos abiertos como platos y se había puesto más pálida que como entró. En cambio la enfermera Lisa no estaba sorprendida, Adele me miraba con ojos tristes pero con simpatía y el doctor ni se inmutó solo se limitó a asentir, y mantenerse con la misma sonrisa con la que me había saludado.

—Ok, Ale… —dijo, pero esta vez no me gustó nada como sonaba mi nombre— Mira, esto no será fácil para ti procesarlo, pero…  —se detuvo, ¿porqué se  detiene? ¡Hable! — Hoy es veintinueve de abril— ¿Qué? Eso no es cierto. Hace poco fue mi cumpleaños y solo tengo cuatro días de estar aquí. Tiene que estar mal su calendario. Tal vez no tachó los días restantes, tal vez… —Y no estamos en el dos mil trece.

Mis pensamientos se detuvieron… ¿Qué acaba de decir?

El doctor me observó. Tenía que ser obvia mi confusión en la cara porque se explicó.

 —Hoy es veintinueve de abril del dos mil quince.

No hay comentarios:

Publicar un comentario