Sencillo.
Miente.
Si, así como acabas de leer. Miente.
Miente.
Si, así como acabas de leer. Miente.
Bueno,
eso me dijeron a mí.
Estaba
sentada en una banca afuera del parque. Estaba pensando en mis cosas y
esperando el autobús, cuando este chico se sentó a mi lado.
Lo
miré de reojo. No estaba para nada mal. Buen cuerpo, cabello muy bien peinado,
músculos... en donde deben estar los músculos.
Sin
embargo, como cualquier chica, me hice la no interesada.
—Hola
—me saludó él.
Contesté
su saludo.
—Hola
—¿Sabes a qué horas más o menos sale el autobús?
—¿Sabes a qué horas más o menos sale el autobús?
Lo
miré. Sus ojos eran castaños. No. Eran color miel. HERMOSOS. Pero... espera, él
se había sentado a mi lado ¿para hablar del horario del autobús?
¡Esta
vida va para PEOR!
Pero
como buena samaritana, le contesté.
—No
te preocupes, en cualquier momento aparecerá.
—Ok.
Gracias. —contestó él.
Tenía
que saberlo, alguien como él tiene… no, DEBE tener a alguien.
Mientras
él estiraba el cuello para ver aparecer el autobús, le eché una ojeada más. Oh,
sí. Buen tipo.
Regresó
su atención al frente y suspiró.
—¿Cómo
te llamas? —me preguntó.
Sabía
que no habría más allá de esto así que le respondí—: Delaney .
—¿Delaney?
Extraño.
Lo
miré de nuevo ¿De verdad había dicho eso?
Al
ver mi cara, él se rió —Tranquila, no hablo de tu nombre. Si no del hecho de
que yo ya había hablado con una Delaney hoy en la mañana.
—¿En
serio? —dije, frunciendo el ceño—. No sabía que había otra Delaney viviendo
cerca.
—Bueno,
ahora lo sabes.
Asentí.
—¿Qué
haces aquí? — me preguntó.
No
sabía cómo contestar a eso, porque era un tanto difícil, pero entonces dije—:
Espero… a una persona.
Asintió
—Ok — después de un rato habló—: ¿Tienes
novio?
Lo
miré un poco desconcertada.
—¿Qué
clase de pregunta es esa?
—Bueno
—dijo él. No parecía ni nervioso, ni avergonzado por su pregunta—. Quiero
saber. Es que es difícil pensar que no tienes novio.
Me
quedé con la mirada clavada en él. Tenía una media sonrisa, en donde podía casi
ver sus dientes, parecían perfectos. Tenía un hoyuelo ¡Un hoyuelo! Este chico
era guapo. Su cabello estaba lo suficientemente corto, como para mostrar su
cuello. Era alto por lo que podía notar, estábamos sentados y yo tenía que ver
hacia arriba. Era exactamente el tipo de chico con el que yo saldría.
Sacudí
mi cabeza para despertar del trance —¿Tú tienes? —le pregunté—. Digo, novia.
—Pues,
si. Si tengo.—contestó él.
¡Lo
sabía! Maldita sea. Un chico como él no puede ser libre.
Solo
asentí.
—¿Entonces?
¿Tienes novio? —preguntó el nuevo.
Suspiré
y me obligué a contestar lo mismo que contestaba cada vez que la gente me
preguntaba —No. No tengo.
Él
me observó, muy intensamente , como estudiándome.
—¿Sabes?
Eres muy bonita.—dijo él.
Abrí
los ojos muy grandes. ¡Tenía novia ¿y coqueteaba conmigo?!
—Eso
no es muy bonito de tu parte, tienes novia —le recalqué.
Él
se rió y mostró todos sus dientes. Si, dientes perfectos.
—Lo
sé. Pero no por eso dejaré de decir lo obvio.
—Gracias…
supongo —le dije.
Gente
comenzaba a llegar cerca de la banca para esperar el autobús. Nos mantuvimos en
silencio, hasta que él habló.
—¿Quieres
salir conmigo?
Comencé
a toser, casi me ahogo con mi propia saliva. ¿Qué pretendía este tipo?
—¿Estás
bien? —preguntó él, poniendo una mano en mi espalda, ayudándome con mi
atragantamiento instantáneo.
—¿Estás
de broma? —contesté yo, en cambio. Él arrugó la frente y me expliqué —Hablo
sobre salir.
—No.
Para nada.
—Tienes
novia, niño.
Sonrió
—Te pedí que saliéramos, no que te acostaras conmigo.
—¿Disculpa?
Se
rió al ver mi expresión. Una risa grave y hermosa. Se recostó en la banca, muy
relajado— No quiero hacer nada malo contigo.
—me miró un momento y luego dijo—: Además, nunca cambiaría a mi novia,
por nadie. Ni por alguien tan bonita como tú.
Este
chico me estaba cansando.
—Mira,
—dije, exasperada— esta conversación es un tanto extraña. No puedes aparecer y
pedir que salga contigo. Menos en tu situación. Ni siquiera sé tu nombre.
—¿Entonces…—lo
consideró, pero dijo—: vas a salir conmigo? —lo dijo con las cejas enarcadas y
con diversión en su cara.
¿Es
que no hablaba español?
—Con
todo lo que me has dicho… ¿esperas que, aún, salga contigo?
—Lo
que dije es verdad. —contestó él encogiéndose de hombros—. Eres linda. Pero jamás
dejaría a mi novia. Ella es… espectacular, es la chica que todo chico debe
tener. Es hermosa, alegre, graciosa, simpática, tiene esas habilidades
artísticas espectaculares —se rió un poco—. Juro que ella cada vez tiene una
habilidad nueva. No sé como hace para encontrarlas, pero cada vez encuentra una
más. —de pronto se puso serio y me miró—.
Pero ella…tuvo un accidente. Está mal y yo simplemente pido por que regrese.
—bajó la cabeza y negó.
Miré
hacia el frente. Había más gente esperando el autobús. Había un señor, una
chica con audífonos, una señora que le abría una paletita a la niña que se
aferraba de su falda.
Ahora
entendía menos. Su novia era espectacular. No la conocía, pero no entendía que
alguien como él, que hablaba así de su novia, quería salir con otras personas.
Este
chico se expresaba de su novia, de una manera que te gustaría estar en su
lugar.
—¿Porqué
no estás con ella? —pregunté.
Él
me miró —Bueno… ahorita vengo de su casa.
Asentí.
—Espero
se recupere —dije en tono de disculpa.
—Yo
también.
Este
chico era diferente. Desde que había tomado asiento a mi lado podía sentir algo
diferente de él. La forma en la que hablaba de su novia era sorprendente,
podías entender perfectamente cómo se sentía por ella, y podías sentir la
tristeza en su ser por no tenerla cerca, por su accidente.
Abrí
mi boca e iba decir algo más, cuando a lo lejos se escuchó un motor. El autobús.
Así que solo suspiré y me giré hacia el frente. Recordé que tenía cosas más
importantes en las cuales pensar, que seguir esta plática.
—Hablo
en serio, Delaney.—dijo él—. Eres muy bonita, espero volver a hablar contigo.
He hiciste bien el no aceptar mi invitación.
Lo
miré y miré el autobús, el cual se acercaba. Por alguna razón, su historia tocó
algo en mi interior.
¿Porque
la vida debe ser así? ¿Porqué algunas personas no pueden ser felices? Por
causas de estúpidos accidentes, no pueden seguir con sus vidas normales. Al
igual que ocurrió con mis padres.
Bajé
la cabeza y recordé ese día que perdí a mi mamá. Dejándonos a mi papá y a mí,
solos.
Por alguna razón su historia,
me recordaba a nosotros.
El
autobús se estacionó en frente.
—¿Sabes
lo que debes hacer para que una persona te ponga atención? —preguntó él.
Negué
con la cabeza.
La
gente que estaba cerca de nosotros, comenzó a subir el autobús. Cuando la
última iba a subir, él se paró y dijo—: Sencillo. Miente.
Entonces
caminó. Se iba y no volvería a verlo. Sentía la necesidad de decirle que todo
estaría bien, que su novia estaría bien, que su vida iba a mejorar…
Él
siguió caminado… pasando de largo el autobús.
¿Él no iba a subirse al
autobús?
Caminó despacio, paso pausado
y elegante, caminaba como si fuese el rey del mundo, como…
Entonces sin pensarlo me puse
de pie.
—Oye —casi grité. Él se detuvo y se giró. Tragué las lágrimas
que por alguna razón sentía en la garganta—. Todo lo que dijiste de tu novia…
¿es verdad?
Me sonrió. Su sonrisa era
hermosa.
Dejé salir las lágrimas que
estaba conteniendo, porque no pude soportarlo más.
—Sabes que es verdad…
—contestó él. Luego se acercó hasta estar a poca distancia—. Vámonos a casa,
Delaney.
Negué con la cabeza. Me
sentía impotente y tonta.
—¿Por qué no comenzaste por
ahí? —pregunté, casi furiosa—. ¿Por qué no me dijiste que la amnesia que tengo desde
mi accidente, no me deja recordarte? Porque es eso ¿cierto?
El miró hacia el suelo y
luego miró de nuevo hacia mí. Asintió.
Se me escapó un sollozo. Él
era mi novio y no lo recordaba. Me llevé las manos a la cara.
—Tú hablaste hoy en la mañana
conmigo, no con otra Delaney ¿verdad?— pensé en ello, por lo que dijo sobre
hablar con una Delaney.
Se acercó más a mí y quitó
mis manos de mi rostro.
—Tranquila, amor. —lo miré
con muchas preguntas en mis ojos y el supo entender. Suspiró—. Si, lo hice.
Hablé contigo y luego fui a estudiar. —tomó una respiración y siguió—. Cuando
regresé a tu casa, tu papá estaba preocupado y hecho una locura, me dijo que te
habías ido. Esta es la tercera vez que nos haces esto.
¿La tercera vez? Dios.
También recordé que yo estaba sentada en esa banca pensando… en como regresar a
mi casa. Yo estaba perdida por las calles, no sé por cuanto tiempo, pero pensé
que no iba a regresar a mi casa, nunca.
—Cuanto lo siento, Max
—entonces, levanté de golpe la cabeza y lo miré. ¿Yo… sabía su nombre?
El tenía una gran sonrisa
—Si. Lo haces.—contestó él, leyendo mis pensamientos—. Siempre sabes mi nombre, Del. Por alguna razón
tu subconsciente siempre lo hace.
Me sentí mal por el hecho de
no recordarlo y… Dios, su forma de hablar sobre su novia… Cerré los ojos.
—¿Cuánto tiempo puedo
retenerte en mi cabeza? —pregunté, abriendo los ojos.
Él negó —No sabemos. Pueden
ser horas, días… hasta semanas. —pude ver como tragaba y dijo—: Ayer habías
cumplido un mes.
El autobús partió al ver que
ninguno de los dos subiría.
¿Un mes? ¿Y mi cabeza lo
había enviado todo al infierno? ¡Qué bien cerebro!
—¿Siempre me mientes así?
—pregunté, recordando lo que él me había dicho.
Él se rió
—Después de la primera vez, supe
que debía hacerlo. Era la mejor forma de acercarme a ti, en medio de la calle. Digamos
que la primera vez, no pensé bien y me acerqué muy rápido a ti —hizo una
mueca—. El morete de mi cara, costó tres días que se esfumara.
—Oh, Dios. Lo siento. —dije
llevándome una mano a la boca.
—No lo sientas. —se le escapó
una risa—. Ese día, antes de golpearme, me dijiste que tenías novio…—me dirigió
una mirada de amor intenso—… Y me dijiste perfectamente, que Max no estaría
contento si yo me acercaba a ti.
Con lágrimas en mi cara,
sonreí. Lo recordaba, de alguna manera, yo lo hacía.
—Desde entonces siempre… te miento.
Supe que la forma de llamar tu atención es inventarme alguna historia. Pero
todas terminan, conmigo hablando de mi novia perfecta. —se acercó más, a muy
pocos centímetros de mi cara y me rodeó con sus brazos, yo no lo quité porque
se sentía bien, se sentía como si fuera… normal entre nosotros. Se acercó a mis
labios y antes de rozarlos dijo—: Siempre terminó hablando de ti.
Me besó.
Y se sintió bien. Él, de
alguna manera, era parte de mi vida. No recordaba, pero este chico… ¡era mi
chico!
Nos separamos.
—¿Vamos a casa?
Asentí.
—Pero primero —dijo él y puso
su mano bajo mi barbilla—. Quiero que sepas, Del, que lo seguiré haciendo.
Seguiré mintiendo para llamar tu atención. Así que no tengas miedo de
olvidarme. No lo harás. Me encargaré de ello.
Me dieron muchas ganas de
llorar, el saber que en cualquier momento podía olvidarlo de nuevo.
Pero tenía la reconfortante
idea que él seguiría luchando por mí.
Que el seguiría mintiendo…
Por mí.

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