sábado, 5 de abril de 2014

Sencillo… Miente.


¿Qué debes hacer para que una persona te ponga atención?

Sencillo.

Miente.

Si, así como acabas de leer. Miente.

Bueno, eso me dijeron a mí.

Estaba sentada en una banca afuera del parque. Estaba pensando en mis cosas y esperando el autobús, cuando este chico se sentó a mi lado.

Lo miré de reojo. No estaba para nada mal. Buen cuerpo, cabello muy bien peinado, músculos... en donde deben estar los músculos.

Sin embargo, como cualquier chica, me hice la no interesada.

—Hola —me saludó él.

Contesté su saludo.

—Hola

—¿Sabes a qué horas más o menos sale el autobús?

Lo miré. Sus ojos eran castaños. No. Eran color miel. HERMOSOS. Pero... espera, él se había sentado a mi lado ¿para hablar del horario del autobús?
¡Esta vida va para PEOR!

Pero como buena samaritana, le contesté.

—No te preocupes, en cualquier momento aparecerá.

—Ok. Gracias. —contestó él.

Tenía que saberlo, alguien como él tiene… no, DEBE tener a alguien.

Mientras él estiraba el cuello para ver aparecer el autobús, le eché una ojeada más. Oh, sí. Buen tipo.

Regresó su atención al frente y suspiró.

—¿Cómo te llamas? —me preguntó.

Sabía que no habría más allá de esto así que le respondí—: Delaney .

—¿Delaney? Extraño.

Lo miré de nuevo ¿De verdad había dicho eso?

Al ver mi cara, él se rió —Tranquila, no hablo de tu nombre. Si no del hecho de que yo ya había hablado con una Delaney hoy en la mañana.

—¿En serio? —dije, frunciendo el ceño—. No sabía que había otra Delaney viviendo cerca.

—Bueno, ahora lo sabes.

Asentí.

—¿Qué haces aquí? — me preguntó.

No sabía cómo contestar a eso, porque era un tanto difícil, pero entonces dije—: Espero… a una persona.

Asintió —Ok  — después de un rato habló—: ¿Tienes novio?

Lo miré un poco desconcertada.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Bueno —dijo él. No parecía ni nervioso, ni avergonzado por su pregunta—. Quiero saber. Es que es difícil pensar que no tienes novio.

Me quedé con la mirada clavada en él. Tenía una media sonrisa, en donde podía casi ver sus dientes, parecían perfectos. Tenía un hoyuelo ¡Un hoyuelo! Este chico era guapo. Su cabello estaba lo suficientemente corto, como para mostrar su cuello. Era alto por lo que podía notar, estábamos sentados y yo tenía que ver hacia arriba. Era exactamente el tipo de chico con el que yo saldría.

Sacudí mi cabeza para despertar del trance —¿Tú tienes? —le pregunté—. Digo, novia.

—Pues, si. Si tengo.—contestó él.

¡Lo sabía! Maldita sea. Un chico como él no puede ser libre.

Solo asentí.

—¿Entonces? ¿Tienes novio? —preguntó el nuevo.

Suspiré y me obligué a contestar lo mismo que contestaba cada vez que la gente me preguntaba —No. No tengo.

Él me observó, muy intensamente , como estudiándome.

—¿Sabes? Eres muy bonita.—dijo él.

Abrí los ojos muy grandes. ¡Tenía novia ¿y coqueteaba conmigo?!

—Eso no es muy bonito de tu parte, tienes novia —le recalqué.

Él se rió y mostró todos sus dientes. Si, dientes perfectos.

—Lo sé. Pero no por eso dejaré de decir lo obvio.

—Gracias… supongo —le dije.

Gente comenzaba a llegar cerca de la banca para esperar el autobús. Nos mantuvimos en silencio, hasta que él habló.

—¿Quieres salir conmigo?

Comencé a toser, casi me ahogo con mi propia saliva. ¿Qué pretendía este tipo?
—¿Estás bien? —preguntó él, poniendo una mano en mi espalda, ayudándome con mi atragantamiento instantáneo.

—¿Estás de broma? —contesté yo, en cambio. Él arrugó la frente y me expliqué —Hablo sobre salir.

—No. Para nada.

—Tienes novia, niño.

Sonrió —Te pedí que saliéramos, no que te acostaras conmigo.

—¿Disculpa?

Se rió al ver mi expresión. Una risa grave y hermosa. Se recostó en la banca, muy relajado— No quiero hacer nada malo contigo.  —me miró un momento y luego dijo—: Además, nunca cambiaría a mi novia, por nadie. Ni por alguien tan bonita como tú.

Este chico me estaba cansando.

—Mira, —dije, exasperada— esta conversación es un tanto extraña. No puedes aparecer y pedir que salga contigo. Menos en tu situación. Ni siquiera sé tu nombre.
—¿Entonces…—lo consideró, pero dijo—: vas a salir conmigo? —lo dijo con las cejas enarcadas y con diversión en su cara.

¿Es que no hablaba español?

—Con todo lo que me has dicho… ¿esperas que, aún, salga contigo?

—Lo que dije es verdad. —contestó él encogiéndose de hombros—. Eres linda. Pero jamás dejaría a mi novia. Ella es… espectacular, es la chica que todo chico debe tener. Es hermosa, alegre, graciosa, simpática, tiene esas habilidades artísticas espectaculares —se rió un poco—. Juro que ella cada vez tiene una habilidad nueva. No sé como hace para encontrarlas, pero cada vez encuentra una más. —de pronto se puso serio y me miró—.  Pero ella…tuvo un accidente. Está mal y yo simplemente pido por que regrese. —bajó la cabeza y negó.

Miré hacia el frente. Había más gente esperando el autobús. Había un señor, una chica con audífonos, una señora que le abría una paletita a la niña que se aferraba de su falda.

Ahora entendía menos. Su novia era espectacular. No la conocía, pero no entendía que alguien como él, que hablaba así de su novia, quería salir con otras personas.
Este chico se expresaba de su novia, de una manera que te gustaría estar en su lugar.

—¿Porqué no estás con ella? —pregunté.

Él me miró —Bueno… ahorita vengo de su casa.

Asentí.

—Espero se recupere —dije en tono de disculpa.

—Yo también.

Este chico era diferente. Desde que había tomado asiento a mi lado podía sentir algo diferente de él. La forma en la que hablaba de su novia era sorprendente, podías entender perfectamente cómo se sentía por ella, y podías sentir la tristeza en su ser por no tenerla cerca, por su accidente.

Abrí mi boca e iba decir algo más, cuando a lo lejos se escuchó un motor. El autobús. Así que solo suspiré y me giré hacia el frente. Recordé que tenía cosas más importantes en las cuales pensar, que seguir esta plática.

—Hablo en serio, Delaney.—dijo él—. Eres muy bonita, espero volver a hablar contigo. He hiciste bien el no aceptar mi invitación.

Lo miré y miré el autobús, el cual se acercaba. Por alguna razón, su historia tocó algo en mi interior.

¿Porque la vida debe ser así? ¿Porqué algunas personas no pueden ser felices? Por causas de estúpidos accidentes, no pueden seguir con sus vidas normales. Al igual que ocurrió con mis padres.

Bajé la cabeza y recordé ese día que perdí a mi mamá. Dejándonos a mi papá y a mí, solos.
Por alguna razón su historia, me recordaba a nosotros.

El autobús se estacionó en frente.

—¿Sabes lo que debes hacer para que una persona te ponga atención? —preguntó él.

Negué con la cabeza.

La gente que estaba cerca de nosotros, comenzó a subir el autobús. Cuando la última iba a subir, él se paró y dijo—: Sencillo. Miente.

Entonces caminó. Se iba y no volvería a verlo. Sentía la necesidad de decirle que todo estaría bien, que su novia estaría bien, que su vida iba a mejorar…

Él siguió caminado… pasando de largo el autobús.

¿Él no iba a subirse al autobús?

Caminó despacio, paso pausado y elegante, caminaba como si fuese el rey del mundo, como…

Entonces sin pensarlo me puse de pie.

—Oye —casi grité.  Él se detuvo y se giró. Tragué las lágrimas que por alguna razón sentía en la garganta—. Todo lo que dijiste de tu novia… ¿es verdad?

Me sonrió. Su sonrisa era hermosa.

Dejé salir las lágrimas que estaba conteniendo, porque no pude soportarlo más.
—Sabes que es verdad… —contestó él. Luego se acercó hasta estar a poca distancia—. Vámonos a casa, Delaney.

Negué con la cabeza. Me sentía impotente y tonta.

—¿Por qué no comenzaste por ahí? —pregunté, casi furiosa—. ¿Por qué no me dijiste que la amnesia que tengo desde mi accidente, no me deja recordarte? Porque es eso ¿cierto?

El miró hacia el suelo y luego miró de nuevo hacia mí. Asintió.

Se me escapó un sollozo. Él era mi novio y no lo recordaba. Me llevé las manos a la cara.

—Tú hablaste hoy en la mañana conmigo, no con otra Delaney ¿verdad?— pensé en ello, por lo que dijo sobre hablar con una Delaney.

Se acercó más a mí y quitó mis manos de mi rostro.

—Tranquila, amor. —lo miré con muchas preguntas en mis ojos y el supo entender. Suspiró—. Si, lo hice. Hablé contigo y luego fui a estudiar. —tomó una respiración y siguió—. Cuando regresé a tu casa, tu papá estaba preocupado y hecho una locura, me dijo que te habías ido. Esta es la tercera vez que nos haces esto.

¿La tercera vez? Dios. También recordé que yo estaba sentada en esa banca pensando… en como regresar a mi casa. Yo estaba perdida por las calles, no sé por cuanto tiempo, pero pensé que no iba a regresar a mi casa, nunca.

—Cuanto lo siento, Max —entonces, levanté de golpe la cabeza y lo miré. ¿Yo… sabía su nombre?

El tenía una gran sonrisa —Si. Lo haces.—contestó él, leyendo mis pensamientos—.  Siempre sabes mi nombre, Del. Por alguna razón tu subconsciente siempre lo hace.
Me sentí mal por el hecho de no recordarlo y… Dios, su forma de hablar sobre su novia… Cerré los ojos.

—¿Cuánto tiempo puedo retenerte en mi cabeza? —pregunté, abriendo los ojos.
Él negó —No sabemos. Pueden ser horas, días… hasta semanas. —pude ver como tragaba y dijo—: Ayer habías cumplido un mes.

El autobús partió al ver que ninguno de los dos subiría.

¿Un mes? ¿Y mi cabeza lo había enviado todo al infierno? ¡Qué bien cerebro!
—¿Siempre me mientes así? —pregunté, recordando lo que él me había dicho.

Él se rió

—Después de la primera vez, supe que debía hacerlo. Era la mejor forma de acercarme a ti, en medio de la calle. Digamos que la primera vez, no pensé bien y me acerqué muy rápido a ti —hizo una mueca—. El morete de mi cara, costó tres días que se esfumara.

—Oh, Dios. Lo siento. —dije llevándome una mano a la boca.

—No lo sientas. —se le escapó una risa—. Ese día, antes de golpearme, me dijiste que tenías novio…—me dirigió una mirada de amor intenso—… Y me dijiste perfectamente, que Max no estaría contento si yo me acercaba a ti.

Con lágrimas en mi cara, sonreí. Lo recordaba, de alguna manera, yo lo hacía.

—Desde entonces siempre… te miento. Supe que la forma de llamar tu atención es inventarme alguna historia. Pero todas terminan, conmigo hablando de mi novia perfecta. —se acercó más, a muy pocos centímetros de mi cara y me rodeó con sus brazos, yo no lo quité porque se sentía bien, se sentía como si fuera… normal entre nosotros. Se acercó a mis labios y antes de rozarlos dijo—: Siempre terminó hablando de ti.

Me besó.

Y se sintió bien. Él, de alguna manera, era parte de mi vida. No recordaba, pero este chico… ¡era mi chico!

Nos separamos.

—¿Vamos a casa?

Asentí.

—Pero primero —dijo él y puso su mano bajo mi barbilla—. Quiero que sepas, Del, que lo seguiré haciendo. Seguiré mintiendo para llamar tu atención. Así que no tengas miedo de olvidarme. No lo harás. Me encargaré de ello.

Me dieron muchas ganas de llorar, el saber que en cualquier momento podía olvidarlo de nuevo.

Pero tenía la reconfortante idea que él seguiría luchando por mí.

Que el seguiría mintiendo…

Por mí. 

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